Hola,

Hoy he llevado a Guismo a revacunar del moquillo, y ya de paso a por las pastillas para desparasitarle y a que le revisaran la orejita que tenía medio pocha. Y como siempre, llevar a vacunar a Guismo es ir a la aventura...

El caso es que he llegado temprano, pero como Guismo tiene la sana costumbre de ponerse enfermo en rarísimas ocasiones, nunca me entero de los cambios hasta que tengo que acercarme. Ahora resulta que, como tienen tantos perritos y gatitos y pajaritos inscritos en la base de datos, para evitar las aglomeraciones que se sucedían antes, han instaurado un sistema de petición de cita previa. No es que no te atiendan si no pides cita, pero sólo lo hacen cuando tienen un hueco. Así que hoy, a pesar de madrugar, me ha tocado hacer cola de nuevo.

Como Guismo tiene un poco de mal genio, he decidido quedarme en la calle hasta que me llamaran cuando tuvieran un huequecillo. De hecho estaba pensando en un nuevo cuentecillo, ya que mi tita Sve me dio, sin saberlo ella, una idea para hacer una versión alternativa de mi última historia; pero ahora ya no va a poder ser, porque, como si fuera la protagonista de una de las novelas de Auster, me han contado hoy una historia del estilo que había pensado escribir, que supera con creces cualquier cuento que yo pudiera escribir. De hecho, sigo perpleja, y sigo pensando que he sido víctima de alguna broma televisiva y que el gancho no me lo ha dicho cuando por fin se ha ido; porque la historia que voy a narrar ahora no es ni medio normal xDDD

El caso es que estaba yo en la calle, con Guismo sentadito tranquilamente junto al bordillo, cuando se me ha acercado un anciano y me ha dicho que tenía un perro precioso. Guismo, en cuanto que ha oído palabras cariñosas, se ha acercado enseguida al señor a reclamar una ración doble de mimos, y yo me he quedado hablando con el anciano.

De primeras, el hombre me ha dicho algo así como "¡Vaya perro! ¡Qué machote! ¿Lo habéis cruzado ya?", y he pensado que lo mismo el hombre estaba buscando algún perrillo para cruzar a alguna perrilla que tuviera. Así que le he dicho la verdad: que no, que el pobre Guismo sigue a dos velas aun a pesar de tener ya ocho añitos.

En ese momento el anciano se ha puesto a contarme que cuando se casó con su mujer, al poco tiempo les dieron un cachorrillo de pastor alemán de apenas 10 días, al que querían muchísimo, pero que tuvieron que regalar cuando tenía cinco años y medio... porque, según el anciano, el perro se enamoró de su mujer. Lo primero que he pensado es que bueno, que el anciano se referiría a que el perro sería celoso; de hecho me lo ha medio confirmado cuando me ha dicho que el perro no dejaba que ningún hombre se acercara a su mujer cuando lo sacaba a pasear. Pero lo mejor de la historia viene después: me ha dicho que al principio él estaba celoso del perro porque el perro 'se cogía' a su mujer, y que su mujer provocaba al perro y disfrutaba como loca con él. En circunstancias así, obviamente, al oír esa afirmación y ver que el hombre te lo dice completamente serio, y con un brillo extraño en los ojos, tienes varias opciones:

  • a) Partirte de la risa;
  • b) Intentar mantener la compostura;
  • c) Buscar la cámara oculta.

Yo de primeras me he decantado por la opción b), más que nada porque he pensado que lo mismo estaba malinterpretando al anciano y que no se refería a nada sexual. Pero el anciano ha seguido hablando y claro, me ha confirmado que se refería no sólo a sexo, sino a amor. Y me ha dicho que al final se acostumbró a lo del perro y que les veía tan felices, que ¿cómo se iba a meter por medio? En ese momento he intentado mantener la compostura mientras, de reojo, buscaba la cámara oculta.

Lo peor viene cuando te pregunta si tu perro es igual que era el suyo: es decir, si intenta provocarte. Ahí también tienes varias opciones a elegir:

  • a) Partirle la cara al hombre;
  • b) Explicarle que tu perro es normal y las mujeres de tu familia también, es decir, que el perro es canófilo o, en su defecto, peluchófilo y cojinófilo, pero nada más, y que ninguna mujer de tu familia tiene inclinaciones zoófilas;
  • c) Buscar la cámara oculta.

De nuevo me he decantado por una combinación de las opciones b) y c), más que nada porque me parecía feo abofetear a un anciano (conste que no por falta de ganas). El caso es que el anciano ha seguido cinco minutillos más hablando conmigo, y luego se ha ido.

Un rato después me han avisado de que ya podía entrar con Guismo a la clínica. Eso sí, he entrado con esta cara al veterinario O_o

Espero verme en los próximos días en algún programa de cámara oculta. Más que nada porque dicen que la realidad supera siempre a la ficción... pero ¡qué realidad, madre del amor hermoso! xDDDD

En fin. Un besote

PD: La nueva veterinaria (nota mental: preguntarle el nombre en Octubre, cuando vaya a ponerle a Guismo la vacuna de la rabia... es que con la historia y tal se me ha olvidado preguntarle) me ha caído muy bien; me ha parecido muy profesional y, sobre todo, muy cariñosa con Guismo. Pero cariñosa en el buen sentido, no en el del anciano raro xDD